Jessica Igor Chacano, Periodista y magíster en Relaciones Internacionales
Así mismo decía el tango de José María Contursi, "sombras nada más, acariciando mis manos"…"sin ver que estoy aquí perdido". Eso mismo me sucedió hace unas semanas en mitad de la noche en las tenebrosas calles de Coyhaique. Realmente una boca de lobo (y no sé si sea tan oscura la boca de ese hermoso animal), sumado al humo y la neblina que se levanta por las noches es un peligro transitar con tan poca visibilidad.
¿Qué pasa con el alumbrado público Don Muni, o acaso se va a filmar la tercera parte de la película "30 días de Noche" y nadie se ha enterado aún? Y si es así me imagino que lo recaudado de la filmación se va a destinar, precisamente, para mejorar las zonas penumbrosas de la ciudad.
Fuera de bromas y de comparaciones artísticas, es realmente preocupante el abandono en que se encuentran las calles de la ciudad. El tema del alumbrado público es fundamental para transitar con seguridad, ya sea como peatón o frente al volante. Es insólito que en pleno siglo XXI todavía haya ciudades que son cabecera de comuna, en un país con la estabilidad económica que presume Chile, viviendo como si fuera una aldea feudal del siglo XIV.
Es realmente muy peligroso, y creo que no hace falta hacer un listado de todos los problemas y riesgos a los que se exponen los transeúntes con un alumbrado público tan precario. Desde la seguridad ciudadana, que con calles bien iluminadas actúa como una herramienta disuasoria frente a la delincuencia, hasta la seguridad vial que evita accidentes propios o a terceros.
Por otro lado, el parque automotriz en nuestra pequeña ciudad es enorme desde hace muchos años, sin mencionar que más de uno, sin pericia y sin documentos se ha atrevido a circular impunemente, poniendo en peligro la vida de todo lo que se les ponga a por delante. Peor todavía, con las características climáticas de la zona, en invierno la oscuridad es total, sumado al humo, porque el frío tiene cara de hereje y los vecinos se calefaccionan como pueden. Para armar el combo perfecto, a la desgracia se suman la nieve y la escarcha.
Otro dato que no es menor, y que las autoridades imagino tendrán en cuenta, son las características topográficas, ya que no es una ciudad plana, fue construida sobre laderas, lo que hace más inseguro el tránsito en vías angostas, con grietas y mal iluminadas. Calles como Lautaro, Errázuriz o Almirante Barroso tienen bajadas muy empinadas, sólo por poner un par de ejemplos, y necesitan mayor atención por la seguridad de nuestros vecinos, en la calle y fuera de ella, ya que más de una vez un vehículo se ha subido a la vereda.
Pero lo más triste es que mientras más nos alejamos del centro de la ciudad y avanzamos hacía la periferia es donde más se nota la falta de iluminación. Ahora, ¿es realmente un problema estructural donde la red de alumbrado es escasa en general, o hay una falta de mantenimiento prolongada a los focos que sufren desperfectos? El ciudadano de a pie no tiene cómo saberlo, lo único que sabe es que por cada movimiento que haga debe pagar impuestos.
Y todo a media luz.
















