Columnista, Colaborador En múltiples oportunidades hemos hablado de la importancia de la actividad laboral en los establecimientos penales, no sólo como un instrumento que busca fomentar el hábito del trabajo, también uno que busca preparar a las personas en un oficio, sin embargo probablemente lo más relevante para una persona privada de libertad es la oportunidad de poder generar un sustento para sus familias.
Seguramente para todos quienes nos leen, lo más familiar son los Centros de Educación y Trabajo (CET), unidades productivas administradas por Gendarmería en que se les da trabajo a las personas privadas de libertad, lugar donde también reciben una remuneración denominada Jornal. Sin embargo también existen los talleres laborales que funcionan y son administrados de una manera distinta, lugares en el que, en lenguaje coloquial, sus trabajadores se desempeñan de forma independiente, espacios que se encuentran ubicados al interior de la guardia interna de los recintos penitenciarios.
Sin duda alguna, el taller laboral más grande y productivo en la región de Aysén es el existente en el Centro de Cumplimiento Penitenciario de Coyhaique, lugar que cuenta con la participación de once personas privadas de libertad, quienes en su mayoría se desempeñan en labores de mueblería y artesanía, enfocadas en la elaboración y confección de productos principalmente en madera, con la excepción de una persona que se especializa en curtiembre, confeccionando trabajos relacionados con el tratamiento y manufactura de productos en cuero.
Evidentemente, una persona privada de libertad para acceder a un taller laboral debe cumplir algunos requisitos principalmente asociados a la conducta, junto con una evaluación previa y la recomendación del Consejo Técnico, lo que permite asegurar su idoneidad para participar en estas actividades, después de todo se debe ser responsable y tener un comportamiento que no ponga en riesgo la seguridad del establecimiento.
Las personas que trabajan en el taller laboral no reciben una remuneración, sino que viven de la paga por la venta de los productos que elaboran, en su gran mayoría realizados a pedido. Dicho de otra manera a mayor demanda son más los ingresos que reciben y es mejor el apoyo económico que pueden brindar a sus familias para su sustento.
Una persona privada de libertad, que trabaja independientemente no puede visibilizar su trabajo y ofertarlo con la misma facilidad que una persona que se dedica a lo mismo en el medio libre. Por lo mismo aprovecho este espacio para incentivar a los lectores a acercarse hasta el Centro de Cumplimento Penitenciario de Coyhaique y considerar el taller laboral como una opción para por ejemplo mandar a hacer muebles, comedores, camas, sillas, entre otros, por supuesto trabajos en cuero.
Quienes toman la opción de mandar a hacer sus muebles siempre tiene la oportunidad de que estos sean diseñados de acuerdo a sus necesidades y a la disponibilidad de los espacios en los que piensa en instalarlos, es decir el taller laboral del CCP de Coyhaique ofrece la posibilidad de contar con muebles personalizados, transformándose en una oportunidad tanto para el cliente como para la persona que se desempeña como mueblista.
Entonces una forma en la que cualquier ciudadano puede contribuir a los procesos de reinserción social de las personas privadas de libertad es acercándose a calle Independencia 12 y solicitar contactar al encargado del taller laboral, así se genera un círculo virtuoso que impacta en una persona que busca cambiar su vida, en una economía familiar y en quien obtiene una mercancía a gusto, sabiendo que además nos ayuda a cambiar personas.






















