Editorial, Redacción Que los principales representantes de la hotelería nacional se reúnan en Coyhaique, justo cuando se acerca la temporada alta, es una buena noticia para Aysén. Recibir a ejecutivos de importantes cadenas hoteleras abre la posibilidad de generar contactos, explorar negocios y mostrar lo que nuestra región puede ofrecer.
Estos encuentros pueden abrir puertas. Una conversación puede convertirse en una inversión y un nuevo contacto puede ayudar a que Aysén llegue a otros mercados. Para una actividad que todavía tiene mucho espacio para crecer, esas oportunidades importan.
El turismo ha demostrado que puede aportar al desarrollo regional, generar empleos y ofrecer alternativas para localidades que necesitan diversificar su economía. Tenemos paisajes, naturaleza y una identidad que despiertan interés dentro y fuera de Chile. Pero los atractivos, por sí solos, no hacen un destino. También necesitamos servicios, conectividad e infraestructura para recibir visitantes en buenas condiciones.
Y es precisamente ahí donde aparece una contradicción difícil de ignorar.
Mientras empresarios y operadores buscan nuevas oportunidades, la barcaza La Tehuelche enfrenta otra demora para retomar sus operaciones. Su puesta en marcha estaba prevista inicialmente para el 16 de octubre, pero deberá esperar al menos diez días más.
Para quienes viven en el territorio y trabajan en turismo, no se trata de un asunto menor. La conectividad es parte de la experiencia del visitante, pero también de la vida cotidiana de las comunidades y del funcionamiento de los negocios locales. Cuando falla, sus efectos van mucho más allá del transporte.
Cuesta entender que el esfuerzo privado por atraer visitantes e impulsar inversiones conviva con dificultades en servicios que dependen del Estado. Una alianza público-privada requiere que ambas partes cumplan su tarea. No podemos esperar que los empresarios inviertan y generen empleo mientras siguen pendientes respuestas sobre infraestructura básica.
Aysén tiene condiciones para consolidarse como un destino turístico de relevancia internacional, pero ese camino requiere algo más que promoción. Necesita planificación, coordinación y decisiones oportunas.
Ojalá el encuentro de hoteleros deje contactos, acuerdos y nuevas oportunidades para la región. Sería una buena señal que esa conversación no terminara cuando los asistentes regresen a sus ciudades, sino que se tradujera en inversiones y negocios que permanezcan en el territorio.
El turismo regional tiene motivos para mirar el futuro con optimismo. Ahora necesitamos que las condiciones para crecer estén a la altura del esfuerzo que ya está haciendo el sector privado.





















