Editorial, Redacción La Región de Aysén se encuentra en una encrucijada determinante para su fomento productivo. El panorama minero actual revela una dualidad que exige una mirada profunda: por un lado, la esperanza de una reactivación económica de gran escala en la Provincia de General Carrera y, por otro, la extrema vulnerabilidad logística que amenaza la continuidad operativa en la zona norte de la región.
El proyecto de la minera australiana Andean Silver en el yacimiento Cerro Bayo (Chile Chico) representa hoy el motor de las proyecciones socioeconómicas más ambiciosas para el territorio. Tras el cese de operaciones en 2022, la nueva administración no solo ha logrado recuperar los empleos perdidos, sino que proyecta una expansión sustantiva que podría generar entre 800 y 1,000 empleos directos para el año 2028. Este dinamismo no solo beneficia a la "Ciudad del Sol", sino que activa una red de prestadores de servicios y empresas locales, impulsando lo que las autoridades califican como "trabajo decente" con altos estándares de seguridad y salud laboral.
Sin embargo, el éxito de la minería moderna en Aysén no puede medirse únicamente en cifras de producción o empleo. El componente ecológico y patrimonial ha pasado a ser un eje central. La inclusión de especialistas en hidrogeología y medioambiente en las gerencias, junto con iniciativas como la protección de sitios arqueológicos con arte rupestre de más de 3,500 años, sugiere un cambio de paradigma hacia una actividad que busca convivir con el invaluable entorno natural y cultural de la Patagonia.
No obstante, esta proyección de crecimiento choca con una realidad logística alarmante. El reciente anuncio del cierre de operaciones de la empresa Transmares en Puerto Chacabuco ha puesto en jaque a la Minera Pacífico del Sur, controladora del yacimiento El Toqui. La imposibilidad de transportar concentrados de oro, plata y zinc en contenedores sellados —exigencia normativa para su comercialización— amenaza no solo la estabilidad de la compañía, sino también el sustento de 120 estibadores y el abastecimiento general de Coyhaique.
Este escenario deja en evidencia que el futuro minero de Aysén es intrínsecamente dependiente de la infraestructura regional. La crisis de transporte en Chacabuco demuestra que, sin una logística marítima robusta y segura, incluso los yacimientos más productivos quedan aislados. Resulta urgente que los ministerios de Transporte, Economía y Minería adopten una postura regional coordinada que garantice la conectividad.



















