Carmen Gloria Parés Fuentes, Bibliotecóloga, Archivos e Investigación Histórica
Prólogo*
Escribo "este libro" desde un lugar que no es el territorio que lo originó. Lo escribo lejos de la intemperie, lejos del viento que hace cantar a los cercos, lejos del olor del bosque humedecido que, una vez, me expulsó de un cementerio como si la naturaleza supiera más que yo lo que iba a hacer. Y, sin embargo, lo escribo dentro de ese mismo viaje: porque algunas travesías no terminan cuando una vuelve, sino cuando una logra decirlas.
Al comienzo del año 2005 me vi envuelta en una tarea aparentemente sencilla: recorrer cementerios, animitas, tumbas familiares; registrar, describir, georreferenciar. En la superficie, era un trabajo de campo con instrumentos, entrevistas, mapas, libretas, fotografías. Pero en la práctica era otra cosa: una conversación con el silencio.
Con el tiempo entendí que el impulso que me movía no era el de clasificar, sino el de comprender un orden distinto, uno que no coincide con el orden administrativo. Los cementerios de Aysén —públicos, vecinales, familiares, solitarios— revelaban tensiones que no cabían en una tabla: la precariedad y la belleza, la norma y la costumbre, el abandono y el cuidado, el secreto y la memoria.
Hubo una idea que apareció temprano y no me soltó: marcar un mapa desde la tierra hacia abajo. No lo pensé como metáfora literaria, sino como intuición de trabajo: la muerte dibuja una cartografía vertical, una geografía enterrada que sostiene la superficie del mundo. Cada tumba es una marca, pero también una pregunta: ¿por qué aquí y no allá?, ¿por qué esa orientación?, ¿por qué esa casa de madera?, ¿por qué ese cerco?, ¿por qué ese nombre faltante?
Y apareció otro concepto, igualmente obstinado: desarreglo y desarraigo. En ese vínculo vi algo más que un juego de palabras. Vi un hilo cultural. El desarreglo —tumbas sin inscripción, cercos incompletos, caminos interiores borrados por el pasto, cementerios que se deshacen en la humedad o se pierden en el bosque— no era siempre olvido; a veces era pobreza, a veces era distancia, a veces era intemperie. Y a veces, lo supe después, era protección: no exhibir para que nadie profane, no señalar para que nadie robe, dejar que el silencio custodie el silencio.
"Este libro" es híbrido porque el territorio lo exige. Hay lugares que se pueden contar con un solo lenguaje; Aysén/Aisén no. Necesita crónica porque el cuerpo participa, porque el paisaje actúa, porque el ánimo se altera. Necesita ensayo, porque hay instituciones, marcos legales, archivos, lógicas de administración, tensiones históricas. Y necesita, sobre todo, una ética: no escribir por encima de la gente, no convertir la muerte ajena en objeto, no confundir registro con verdad.
*Nota: Este es un manuscrito que se publicará en algo más de 12 capítulos-columnas a partir de estas primeras líneas a modo de prólogo. Entrelaza crónica personal con ensayo antropológico.






















