Francisco Mardones Pino, Periodista
Hace 35 años, entre el 8 y el 11 de agosto de 1991 el volcán Hudson entró en una fase de erupción masiva que sorprendió al mundo entero. Un volcán que recién fue identificado como tal en agosto de 1971, cuando el "cerro Hudson" hizo erupción por primera vez en décadas.
Las consecuencias de ambas erupciones marcaron a generaciones de ayseninos y ayseninas, además de miles de familias al otro lado del alambre, pues Argentina también sufrió los estragos económicos de este macizo.
El volcanólogo, Felipe Aguilera, director del Instituto Milenio Ckelar Volcanes, profesor titular de la Universidad Andrés Bello, conversó con El Divisadero acerca de la actualidad del Hudson, de la institucionalidad de emergencias en nuestro país y cómo podemos estar siempre preparados como comunidad.
¿Cuánto ha cambiado Chile desde las primeras erupciones conocidas del volcán Hudson, en 1971 y 1991? ¿Cómo está preparado el país y, sobre todo, la zona sur austral?
Han habido muchos cambios en Chile desde ese entonces. Chile no tuvo un observatorio volcanológico hasta mediados de los 90, en un intento muy preliminar, pero ya de forma definitiva desde el año 2008 en adelante. Quien hace cambiar el estado de esta situación en Chile fue la erupción del volcán Chaitén, precisamente en mayo del 2008.
La erupción del volcán Hudson en el año 1991 fue de una magnitud… la segunda más grande del siglo XX, pero a pesar de eso no cambió la situación. Y recién desde Chaitén se cambió y desde ese entonces en Chile existe un observatorio volcanológico, el cual monitorea actualmente 46 volcanes de los actuales 87 de la lista de activos y potencialmente activos. Entonces ahora están todos esos volcanes con al menos un par de instrumentos básicos para poder hacerle seguimiento.
Y en particular en el caso de la zona Patagonia del Norte, se han hecho hartos esfuerzos para que eso también esté dentro del sistema. Y en los últimos años la oficina regional de Sernageomin ha estado preocupada de incrementar esas capacidades, porque al ser una región bastante remota y de poca accesibilidad, no ha sido prioritario dentro de la lista, a pesar del antecedente de Hudson en el año 91.
Hoy mensualmente se monitores los cinco principales volcanes presentes en Aysén. ¿Eso nos entrega ciertas certezas hoy día de que ya no vamos a vivir situaciones tan quizás sorpresivas como la que fue el año 71 o el mismo año 91?
A ver, la sorpresa de la actividad volcánica, más allá de la instrumentación, depende de la naturaleza del evento. Hay dos ejemplos en Chile al respecto. Uno con la anticipación de erupción volcánica, con el caso del Cordón Caulle en 2011, que la alerta roja se estableció más o menos unas seis horas antes de que comenzara la erupción. Sin embargo, años después, en 2015, el volcán Calbuco, con señales no más antes de 30 minutos de que iniciara la erupción, recién en ese lapso de tiempo se empiezan a ver los distintos precursores. Entonces, a pesar de ser dos volcanes que están y en esa fecha estaban instrumentados, uno sí se pudo detectar de forma anticipada las señales, mientras que en el segundo no. Y no porque no se quisiera, sino porque la naturaleza del evento fue demasiado rápida. Entonces esto hizo que la erupción viniera extremadamente rápido. Entonces, las sorpresas siempre van a estar, porque eso depende más de la naturaleza que de los equipos disponibles.
Dentro de los casi 90 volcanes que están identificados y monitoreados en Chile, el Hudson ocupa el lugar 12 en el ranking de riesgo específico de volcanes activos. ¿Qué significa eso?
Hay que distinguir dos conceptos distintos. Uno es el peligro. El peligro es el evento en sí, una erupción volcánica, por ejemplo, un terremoto, un tsunami, un aluvión, esos son peligros, a esos eventos se les llama peligro.
En este caso se habla de un ranking específico de riesgo, y riesgo implica dos elementos extra. Uno es el nivel de vulnerabilidad y la exposición, es decir, si tú tienes elementos expuestos a la actividad volcánica, se vuelve vulnerable y, por ende, tiene un nivel de riesgo. Entonces el ranking de riesgo está asociado a eso, por ejemplo, a cuánta población hay alrededor, a cuánta infraestructura hay alrededor, si hay rutas aéreas que cruzan a través del espacio que cubra una eventual erupción volcánica. Dentro de esos elementos se termina incluyendo también el historial pasado eruptivo del volcán.
Entonces el Hudson ocupa un espacio alto dentro del ranking pensando en la cantidad de volcanes que tenemos y esto precisamente tiene que ver con lo que te explicaba antes, o sea, hay población cerca, hay infraestructura cerca, además las dimensiones del Hudson y el historial eruptivo que tiene es tan intenso que lo vuelve un volcán no sólo peligroso, sino que también un volcán de alto riesgo.
¿Favorece de alguna manera que la región de Aysén tenga más pequeñas y apartadas o también representa ciertos riesgos seguir siendo una región aislada?
La respuesta es sí y no. Cuando tú tienes una población desperdigada alrededor de una estructura volcánica, eventualmente podría volverse un poquito más manejable, sobre todo por la baja densidad poblacional. No es lo mismo tener millones o miles de habitantes, o menos de 10.000 habitantes. Sin embargo, el gran problema aquí es de conectividad. El hecho de tener tantos sitios dispersos, poder atender una emergencia y, sobre todo, cuando es necesario aplicar protocolos de evacuación, se vuelve más complejo porque requiere invertir mucho más tiempo. Y un factor que siempre juega en contra de los eventos naturales, precisamente es el tiempo. Mientras con mayor celeridad se haga el proceso, mejor va a funcionar. Entonces en este caso, estos dos factores van a jugar, dependiendo mucho de la naturaleza del evento.
En particular, muy en caso particular del volcán Hudson, las características eruptivas del volcán también lo vuelven altamente peligroso, entonces también hace que los eventos puedan ser muy similares del 91, donde tenemos una actividad explosiva ultraintensa, con caída de una gran cantidad de pómez de cenizas, que en el fondo te vuelve ultra necesario y urgente realizar una evacuación. Entonces ahí hay dos elementos que incrementan la complejidad.
Y hay otros elementos de por medio, hay redes de quebradas, ríos, que además en dimensiones son mucho más grandes de lo que está acostumbrado el resto del país, que lo vuelve también más complejo. El hecho también de que aloje un glaciar de grandes dimensiones en la propia estructura volcánica, lo vuelve también con un grado de peligrosidad mucho más alto. Entonces finalmente lo que se requiere ahí es una coordinación muy buena, y no solo con la región misma, sino que también incluso con Argentina, porque por ejemplo, en el caso de Chile Chico, eventualmente podría ser mucho más fácil una evacuación a través de territorio argentino que a través de territorio chileno, por ejemplo.
Y en ese sentido, sabemos que las instituciones públicas están mejor preparadas, hay una coordinación mucho más clara ante de las emergencias, a nivel regional, comunal. Pero muchas veces la comunidad queda un poco alejada de eso hasta la emergencia. ¿Cómo podemos potenciar el mensaje hacia la ciudadanía?
Aquí es muy importante hacer un trabajo con la comunidad de preparación. Siempre el trabajo preventivo se vuelve muy importante cuando ocurren las emergencias.
Hay que ser súper claros también respecto a la realidad regional de Aysén que tiene una configuración de los eventos naturales muy distinta al resto del país, donde estamos más acostumbrados a los terremotos, a los tsunamis y hay una cultura muy fuerte de qué hacer. En el caso particular de los volcanes y ahí ustedes tienen una tremenda ventaja como de ser el ejemplo respecto que la actividad volcánica, además de las lluvias, aluviones, deslizamientos, debiesen ser los elementos prioritarios en cuanto a que la población debiese estar preparada.
Primero, un trabajo de memoria, es decir, recordar cómo fue el evento del 91, la cantidad de animales muertos, la cantidad de ceniza que se acumuló, están las imágenes donde se ve las señaléticas de tránsito prácticamente cubiertas, es decir que la cantidad de material eruptado fue tremendamente grande. Entonces hacer memoria de eso es súper importante, porque siempre cuando la población no vive el evento lo tiende a minimizar, entonces ahí hay un punto súper importante y clave. Eso se tiene que transmitir, recordar permanentemente.
Y, en segundo lugar, tiene que ver con eventos de preparación, preventivos.Tiene que ver con conocer qué es lo que tiene alrededor, qué volcanes, qué características tiene este volcán, cuáles son las redes de drenaje principal, cuáles son las quebradas principales, cuáles son los ríos principales, dónde puede caer ceniza, dónde ocurre el flujo piroclástico, dónde ocurren los aluviones volcánicos que se llaman lahares, que eso descienden por las quebradas y son extremadamente peligrosos. Eso hay que aprender a reconocer y aprender a reconocer cuáles son las zonas para evacuar, cuáles son las zonas seguras en el fondo.
Y ese trabajo preparativo es algo que debería empezar a hacerse, ahí es donde la población, cuando la preparas, al momento de que ocurra la emergencia, puede coordinar muy bien cualquier evento que haya.
¿Un volcán tiene un comportamiento similar siempre? También está el gran mito de que Hudson hace erupción cada 20 años. ¿Es tan así eso?
Lo de la regularidad eruptiva no es tanto, han sido coincidencias. Hay cierta regularidad, pero no es fija. No nos extrañemos, por ejemplo, que pueda pasar mañana o que pueda pasar en 100 años más. Hay muchos factores en juego que no permiten tener una regularidad respecto a la actividad volcánica.
Ahora, con respecto a la pregunta de que si siempre se comporta igual: no. Los volcanes no tienden a comportarse iguales, hay patrones en general, el volcán Hudson es un volcán que tiene características que por lo general son estas erupciones explosivas con grandes columnas de tefra, que es lo que bota el volcán. Pero pueden variar, pueden variar entre ellas y entre volcanes mismos también, o sea, el tipo de actividad que pueda tener Hudson puede ser muy distinta a la que tenga el Kay o el Macá, por ejemplo. ¿Pueden ser iguales? Sí, también, pero eso depende de las características del magma que sale emitido a la superficie y no siempre va a ser igual. Entonces por eso es importante recordar cómo son los distintos eventos.
Actualmente una situación similar (a la del 91) generaría una crisis grande, sobre todo en temas de transportes. Imagínate la frecuencia de vuelos que existe actualmente hacia la región de Aysén es muy distinta a la que se tenía en los años 90. Entonces hay otros elementos en juego también que son súper importantes y que una buena preparación evitaría el aislamiento con respecto a los suministros de distinto tipo y también al transporte entre las distintas comunidades. Entonces por eso siempre es importante mantener la memoria al respecto, porque eso, todo lo del pasado nos va a enseñar a cómo poder funcionar en el futuro.



















