Manuel Álvarez Lucero, Antropólogo
Comienza el mes de junio, y como cada año, no podemos dejar de mencionar que entre el 21 y el 24 de este mes ocurre algo muy relevante para todas y todos nosotros: el cambio de solsticio, donde daremos paso a un nuevo ciclo de la naturaleza, a la celebración de un nuevo We Tripantu o We Xipantu, momento en que todo se renueva y comienza lentamente a regresar el sol, y los días comienzan a ser más largos y las noches más cortas.
El conocimiento ancestral, nos enseña que se inicia un ciclo luminoso, el verdadero año nuevo, como lo dictan los elementos naturales, donde todo vuelve a empezar, es la magia de la tierra, donde el sol vuelve a calentar. Esto es importante que lo aprendamos todos, para que no, desde el desconocimiento, opinemos al respecto. El We Xipantu no es una fiesta de celebración común. Es un momento sagrado de renovación cósmica y humana.
Caemos fácilmente en el etnocentrismo, es decir en la tendencia de juzgar otras culturas desde la perspectiva de la propia cultura, considerando como la normal y superior a las demás. Muchas veces opinamos desde la ignorancia.
Esta fecha marca el regreso del sol, el día más corto y la noche más larga del año y el punto máximo del invierno. Se produce el retorno de la luz, a partir de este momento, el sol comienza a regresar, los días se alargan paso a paso.
Se produce la purificación del agua y la tierra, en la madrugada del solsticio, las aguas de ríos y vertientes cambian de temperatura, entran en un estado de pureza total. Aquí se desarrolla lo que se denomina el baño sagrado, donde las familias se bañan al alba en estas aguas frías. Este acto elimina las malas energías y enfermedades del año anterior.
Esto nos entrega una renovación física, ya que este rito otorga fuerza, salud y vitalidad para el nuevo ciclo que comienza, existiendo una fuerte conexión con la naturaleza y los ancestros, donde la comunidad se reúne, se pide abundancia para el suelo que despierta, se transmite la memoria histórica y los valores espirituales de los ancianos a los niños junto al fuego, conversando, lo que tanta falta nos hace en los tiempos de incomunicación actual.
Es en realidad el despertar de la vida, donde la tierra termina su periodo de descanso invernal, donde la savia de los árboles vuelve a subir y la naturaleza entera se prepara para brotar en primavera. Así de importante es este gran momento plagado de energía, donde, además, el ser humano se compromete a respetar las leyes de la naturaleza y a mantener el equilibrio ecológico y espiritual.
Es la oportunidad para cerrar antiguos ciclos y comenzar otros nuevos, es fuerza ancestral para todos quienes habitamos el planeta, es el hito más esperado e importante del año calendario.
La vivencia y el reconocimiento del We Xipantu y la toma de conciencia de este, nos debe servir como herramienta fundamental para enfrentar los días complejos y difíciles que vivimos hoy en día como sociedad, en el mundo, con guerras, diferencias y luchas de poder.
En nuestra región tenemos la gran oportunidad de poder sentir el poder del nuevo ciclo, junto a la gran naturaleza que nos rodea, junto a las aguas, el frío, la escarcha, la nieve, la lluvia, el viento y el humo, que establecen una conexión simbólica natural para mantenernos sanos y fuertes, en equilibrio con el tiempo ancestral.
Una perspectiva holística, integral y colectiva de este gran acontecimiento es tremendamente necesaria en los tiempos actuales, ya que es el gran Lawen, que nos salvará como humanidad.
















