Columnista, Colaborador
Durante los últimos meses, la actual administración municipal de Lago Verde, decidió encargar una auditoría externa e independiente para revisar la gestión desarrollada entre los años 2021 y 2024. La decisión fue legítima, aprobada por el Concejo Municipal y financiada con recursos públicos destinados precisamente a ese fin. El objetivo era claro: revisar, con lupa, cuatro años y más de administración.
El resultado de ese proceso hoy es conocido y público. Y es importante decirlo con claridad: la auditoría no detectó delitos, fraudes ni irregularidades graves. No hubo reproches sustantivos ni hechos que comprometieran la probidad administrativa. Las observaciones formuladas corresponden a desórdenes administrativos menores, propios de municipios pequeños, aislados y con limitaciones estructurales que son ampliamente conocidas en el mundo municipal.
Lejos de confirmar sospechas, la auditoría terminó acreditando algo distinto: que la Municipalidad de Lago Verde fue administrada con responsabilidad, apego a la normativa y una clara orientación al fortalecimiento institucional.
Ese resultado no es casual. Es la consecuencia de una gestión que, en condiciones geográficas extremas, apostó por ordenar la casa, profesionalizar los procesos y avanzar en estándares que muchas veces parecen lejanos para comunas rurales.
Uno de esos estándares fue la transparencia. Al término del período auditado, el municipio alcanzó un 98,22% de cumplimiento, el índice más alto de su historia, cumpliendo oportunamente con las solicitudes de información y adoptando las exigencias normativas vigentes. La transparencia no fue un discurso: fue una práctica permanente.
Otro hito relevante fue el traspaso del sistema educacional al SLEP. Lago Verde realizó este proceso sin deudas, sin observaciones pendientes y con sus establecimientos ?incluido el jardín infantil VTF? en regla. En un contexto nacional complejo, cumplir correctamente con este traspaso no es menor: es una señal concreta de orden administrativo y responsabilidad financiera.
A ello se suma la implementación del FIGEM, instrumento de modernización que permitió fortalecer la gestión interna, avanzar en digitalización y mejorar la continuidad institucional. Lago Verde fue una de las pocas comunas de la región en acceder a este fondo, lo que refleja una planificación seria y una mirada de largo plazo.
Todo esto ocurrió bajo permanente fiscalización. La Contraloría General de la República ejerció su rol de control, como corresponde, emitiendo oficios, observaciones y seguimientos. Y, aun bajo ese escrutinio constante, no se configuraron irregularidades graves ni reproches que empañaran la gestión.
Por eso, más allá de cualquier lectura política, los hechos son claros. La auditoría mandatada por la actual administración terminó validando una forma de gobernar basada en el trabajo serio, el respeto por la institucionalidad y el compromiso con el servicio público.
Nada de esto habría sido posible sin el equipo humano que acompañó esa gestión: funcionarias y funcionarios municipales que, muchas veces con recursos limitados, sostuvieron el funcionamiento del municipio y empujaron mejoras reales para la comuna. A ellos va mi sincero agradecimiento.
Me quedo con la convicción de haber cumplido con el deber de administrar con responsabilidad, y con la tranquilidad de que los números, los informes y los procesos respaldan ese trabajo. El legado que se deja no es solo una lista de proyectos o indicadores, sino una municipalidad más ordenada, más transparente y mejor preparada para enfrentar los desafíos del futuro.
En política, las opiniones pasan. Los acciones quedan. Y hoy, esos hechos hablan por sí solos.




















