Editorial, Redacción Uno de los grandes desafíos que se ha planteado el Gobierno frente a las señales adversas de la economía es la creación de nuevos empleos. Con una tasa nacional de desocupación cercana a los dos dígitos, resulta necesario preguntarse cómo enfrentar una realidad que afecta directamente a miles de familias.
Si lo llevamos a Aysén, un simple análisis permite observar que una parte importante del empleo que se genera en la región tiene una relación directa con la inversión pública. Obras financiadas por los ministerios de Obras Públicas, Vivienda, Salud y Educación demandan una cantidad significativa de mano de obra y, sin duda, contribuyen a dinamizar la economía regional.
Pero ha llegado el momento de pedir también al sector privado una nueva manera de enfrentar este desafío. La creación de empleo no puede descansar exclusivamente en el Estado. Las empresas tienen mucho que aportar y también deben ser parte de una estrategia regional que permita generar puestos de trabajo más estables y asociados a una economía capaz de crecer por sus propios medios.
La llegada de la temporada alta de turismo puede generar una importante demanda de trabajadores y trabajadoras. Será una buena noticia si ocurre, pero no puede convertirse en la solución definitiva a los problemas estructurales del empleo regional. La estacionalidad es precisamente una de las dificultades que debemos superar.
Aysén necesita diversificar su matriz productiva y desarrollar nuevos sectores capaces de generar actividad durante todo el año. Para ello se requieren incentivos reales que permitan a las empresas invertir, crecer, aumentar su productividad y, como consecuencia, contratar más personas.
El apoyo estatal debe tener justamente ese propósito: no solo entregar recursos, sino generar condiciones para que esos recursos se traduzcan en mejores negocios, mayor inversión y nuevos empleos. El desafío es lograr que cada peso de apoyo público tenga la capacidad de movilizar también inversión y actividad privada.
No es una tarea sencilla y probablemente no existe una fórmula única. Pero sí existe una necesidad urgente de buscarla. De lo contrario, corremos el riesgo de mantener durante años una economía regional demasiado dependiente de la inversión pública para sostener sus niveles de empleo.
Los trabajadores y trabajadoras de Aysén necesitan mejores oportunidades laborales y también una reactivación que los considere como parte central de sus objetivos. Para conseguirlo, Gobierno, empresas, trabajadores y actores regionales deben asumir responsabilidades.
El empleo no se crea solamente con obras públicas ni con subsidios. Se crea cuando existe una economía capaz de producir, invertir, crecer y abrir nuevas oportunidades.
Ese es el desafío que Aysén no puede seguir postergando.






















