Editorial, Redacción Iniciamos este nuevo año 2026 con la esperanza de un ciclo de renovación, pero también con la sombra de una realidad que nos golpea con fuerza cada verano: los incendios forestales. En la región de Aysén, donde la naturaleza es nuestra identidad y sustento, el panorama nacional de la temporada 2025-2026 nos obliga a reflexionar con urgencia y sentido crítico. Hasta la fecha, el país ya registra más de 2.000 siniestros que han destruido cerca de 12.000 hectáreas. Estas cifras no son solo números; son cicatrices en miles de familias, y en el medio ambiente.
La crisis climática ha reescrito las reglas de la emergencia. Expertos señalan que la histórica regla del "30-30-30" (temperatura, viento y humedad) ha quedado obsoleta frente a una "severidad meteorológica" que hoy nos enfrenta a condiciones mucho más extremas, con temperaturas que superan los 35°C y humedades bajísimas. Tras un año 2025 predominantemente seco en las zonas centro y sur, la vegetación de nuestra región llega a este 2026 bajo un estrés hídrico alarmante, lo que aumenta el peligro de nuevos focos en nuestras comunidades.
Mientras el clima prepara el escenario, es la actividad humana la responsable del 98,7% de estos incendios, ya sea por negligencia o intención. No podemos permitir que el futuro de Aysén dependa de la irresponsabilidad de unos pocos o de la lentitud en la gestión pública. Es imperativo avanzar en leyes que regulen la prevención en las zonas donde el bosque se encuentra con nuestros hogares, permitiendo sanciones severas y planes de manejo preventivo que hoy son insuficientes.
Como sociedad, debemos entender que nuestro bosque seco es como una gran pila de leña preparada para una fogata; aunque el calor extremo y el viento del cambio climático ayudan a que esa leña esté lista para arder, se necesita siempre de una chispa externa para que el fuego comience. En este 2026, el llamado es a no encender esa chispa. La ciudadanía de Aysén merece vivir sin el miedo constante a perderlo todo, y eso solo se logra con una prevención real, fiscalización estricta y una conciencia colectiva inquebrantable.




















