Editorial, Redacción La Región de Aysén se encuentra hoy en una encrucijada que definirá su viabilidad como potencia turística. Por un lado, la naturaleza indómita que atrae a miles de visitantes muestra signos de fragilidad; por otro, surge una voluntad colectiva por diversificar y profesionalizar la oferta bajo criterios de sostenibilidad y seguridad.
La reciente decisión de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) de cancelar definitivamente el acceso frontal al Glaciar Exploradores debido a la inestabilidad y riesgos de colapso es un llamado de atención. Esta medida, aunque necesaria para proteger la vida, ha generado una legítima preocupación en los operadores de Puerto Río Tranquilo, quienes han iniciado acciones legales para resguardar su fuente laboral, argumentando que el Estado debe considerar el impacto socioeconómico de estas resoluciones. Este conflicto evidencia que la viabilidad futura del turismo no depende solo de la belleza del paisaje, sino de la capacidad de adaptación ante el cambio climático.
A pesar de estos retos, el horizonte es optimista. La región está demostrando que el turismo puede ser mucho más que contemplación. Iniciativas como "Bici-tando Glaciares" posicionan el cicloturismo como un motor de desarrollo sostenible, uniendo ciencia y deporte para fomentar una movilidad activa de bajo impacto. Asimismo, la diversificación hacia el turismo patrimonial y cultural ofrece nuevas rutas, como la "Ruta del Minero", que rescata la historia de Puerto Sánchez y Puerto Cristal, o el nuevo sendero intercultural en la Reserva Nacional Coyhaique, donde la cosmovisión mapuche invita a los visitantes a conectar con la energía de la tierra.
La viabilidad futura también se sustenta en la ruptura de la estacionalidad. Eventos de talla mundial como el Copec RallyMobil inyectan dinamismo económico fuera de la temporada estival, instalando a Aysén en el mapa deportivo internacional. Esto se complementa con tradiciones arraigadas como el Festival Internacional de Jineteadas y Folclore de Puerto Ibáñez, que fortalece la identidad regional y atrae a delegaciones extranjeras.
Sin embargo, para que este crecimiento sea perdurable, es imperativo el respeto estricto a las normativas ambientales, como ocurre con la pesca recreativa y el control del Didymo para proteger los ecosistemas de agua dulce. La educación es la base de esta visión, como lo demuestran los programas que permiten a estudiantes de zonas rurales explorar sus propios parques nacionales, sembrando una conciencia territorial en las futuras generaciones.
En conclusión, el turismo en Aysén sigue siendo viable, pero bajo un nuevo paradigma. No puede depender exclusivamente de iconos naturales estáticos; debe evolucionar hacia un modelo multicultural, consciente y diversificado que aprenda a convivir con la transformación del entorno.




















