Columnista, Colaborador
Cada vez que se conocen las cifras del Producto Interno Bruto (PIB) regional surge una pregunta tan legítima como necesaria: ¿cómo se traduce ese crecimiento en una mejor calidad de vida para las personas? Los indicadores macroeconómicos permiten medir el desempeño de una economía, pero no explican por sí solos cómo la actividad productiva fortalece una región y genera beneficios para sus habitantes.
En Aysén, esta discusión cobra especial relevancia. Se trata de una región con enormes ventajas comparativas, pero también con importantes brechas en conectividad, infraestructura, energía y capital humano. En este contexto, el desafío es aumentar la producción yendo más allá, lo que implica consolidar un modelo que permita que una mayor proporción de los beneficios generados por la actividad productiva permanezcan en la zona. Es precisamente allí donde el concepto de encadenamiento productivo adquiere relevancia estratégica.
La salmonicultura ha contribuido a la formación de un ecosistema económico que trasciende la producción de salmón. A su alrededor se articulan empresas de transporte, logística, mantención, servicios ambientales, tecnología, infraestructura, alimentación e innovación, además de múltiples proveedores que generan empleo, inversión y capacidades instaladas en la región. Su impacto, por tanto, se multiplica a través de una extensa red de servicios que dinamiza la economía regional.
En esa cadena se encuentra una de las principales vías para robustecer la economía de Aysén. El fortalecimiento de proveedores locales, el surgimiento de nuevos emprendimientos y la incorporación de innovación pueden aumentar la competitividad y diversificar la matriz productiva. Mientras más empresas locales logren integrarse a este ecosistema, mayor será la proporción de la riqueza que permanecerá en la región.
Este proceso exige una mirada de largo plazo. La región necesita estar conectada con las demandas de una industria que evoluciona permanentemente y requiere profesionales, técnicos especializados, nuevos oficios y proveedores capaces de desenvolverse en un escenario donde la sostenibilidad, la innovación tecnológica y los altos estándares ambientales son condiciones indispensables. La formación de capital humano y la articulación entre empresas, instituciones públicas y centros de formación serán determinantes para aprovechar plenamente este potencial.
Quienes vivimos y trabajamos diariamente en Aysén sabemos que este impacto se vuelve concreto cuando una empresa local puede incorporarse como proveedora, ampliar sus operaciones, contratar nuevos trabajadores o desarrollar servicios que antes debían buscarse fuera de la zona. También se refleja cuando los jóvenes encuentran alternativas para ejercer sus profesiones y construir su futuro sin tener que abandonar el lugar donde crecieron.
Los desafíos son significativos y requieren capacidad de acción. Chile se ha consolidado como el segundo productor mundial de salmón, después de Noruega, dentro de una industria altamente dinámica y competitiva. Mantener esa posición exige avanzar hacia una economía circular, seguir promoviendo el uso responsable de antibióticos, fortalecer la innovación tecnológica y modernizar los marcos regulatorios para entregar mayor certeza y asegurar la competitividad en el largo plazo.
Al mismo tiempo, la seguridad alimentaria se ha convertido en uno de los grandes desafíos globales, aumentando la demanda por proteínas saludables producidas de manera sostenible. La salmonicultura tiene la capacidad de contribuir a ese desafío y, a la vez, seguir impulsando la actividad económica de las zonas donde está presente.
Para avanzar en Aysén se requieren políticas públicas que acompañen este proceso. Reducir las brechas de conectividad terrestre y marítima, fortalecer la infraestructura portuaria, entregar mayor certeza regulatoria y avanzar en soluciones para los sistemas aislados, son decisiones que benefician al conjunto de la región. Estas medidas mejoran su competitividad y crean condiciones para atraer inversión y generar nuevas alternativas laborales y empresariales.
El progreso de Aysén no puede medirse únicamente a partir del aumento del PIB. También se refleja cuando existen más empresas locales participando de la cadena productiva, se crean empleos de calidad, aumenta la inversión, se desarrollan nuevas capacidades y las personas encuentran posibilidades reales de proyectarse en su propia región.
Nuestro desafío es seguir avanzando y, al mismo tiempo, lograr que una mayor parte de los beneficios permanezca en la zona. El verdadero motor está en la capacidad de fortalecer el ecosistema de empresas, trabajadores, emprendedores e instituciones que hacen posible la actividad productiva.
Es allí, en la cadena de valor, donde Aysén encuentra una de sus principales fortalezas para construir un futuro sostenible y competitivo, que genere bienestar y nuevas oportunidades para quienes habitan la región.






















