Editorial, Redacción Las enfermedades zoonóticas, aquellas que se transmiten de animales a seres humanos, han demostrado tener un impacto profundo y devastador en la salud global. Desde la búsqueda del "paciente cero" en brotes como el del coronavirus para entender el origen de las infecciones, hasta epidemias históricas de ébola que cobraron miles de vidas, la ciencia subraya que comprender nuestra interacción con la fauna es clave para la prevención. En nuestra región, el inicio de la temporada estival y el aumento de las temperaturas traen consigo riesgos específicos que exigen una conducta responsable y un enfoque preventivo local.
Este verano, la atención en nuestra región se centra particularmente en el Hantavirus. Esta enfermedad viral es transmitida por el ratón de cola larga (Oligorizomys longicaudatus) a través de la inhalación de aerosoles provenientes de su orina, saliva y excretas. Las autoridades advierten que este año el riesgo es mayor: un invierno benigno, sin gran presencia de nieve o escarcha, evitó la mortandad natural de los roedores, resultando en un aumento considerable de su población. Casos recientes en la zona, como el de una joven de Coyhaique que debió ser trasladada de urgencia al norte del país para recibir soporte vital avanzado (ECMO), nos recuerdan la letalidad de esta patología endémica.
Para prevenir el Hantavirus, es imperativo que residentes y turistas adopten medidas de autocuidado. Si visita sectores rurales o áreas protegidas, debe caminar siempre por sendas delimitadas y acampar solo en lugares habilitados con carpas que tengan piso y cierres herméticos. Es crucial evitar el consumo de frutos silvestres a ras de suelo y no beber agua de fuentes que no sean potables. Al ingresar a cabañas, galpones o viviendas que han permanecido cerradas, se debe ventilar por al menos 30 minutos y desinfectar superficies con cloro, utilizando siempre mascarilla y guantes para no levantar polvo.
Por otro lado, la rabia ha reaparecido en la agenda sanitaria local tras la detección de murciélagos positivos al virus en sectores como Coyhaique y Puerto Cisnes. El avistamiento de estos animales durante el día o con vuelo errático es una señal de alerta. La principal barrera de protección es mantener a las mascotas con sus vacunas antirrábicas al día, ya que perros y gatos pueden actuar como puente de contagio hacia las personas si atrapan a un ejemplar infectado.
Finalmente, la Marea Roja representa otro riesgo zoonótico estival vinculado al consumo de mariscos contaminados con toxinas de microalgas, lo que puede provocar intoxicaciones graves o incluso la muerte. La recomendación es tajante: consumir productos solo en lugares establecidos y evitar la extracción en zonas no autorizadas.
La prevención este verano no es solo una tarea de las autoridades sanitarias, sino un compromiso colectivo de autocuidado para garantizar una temporada segura en nuestra Patagonia.



















