Columnista, Colaborador
Ante el pasado Día Mundial del Suelo, fecha clave para aumentar la conciencia sobre el rol que desempeña en los ecosistemas y sobre todo en el agro. Es también un momento para actualizarse sobre la situación actual de nuestros países y las oportunidades que tiene América Latina de poder seguir produciendo con una mirada de conservación. Ya anticipando las conclusiones, los países andinos presentan una diversidad maravillosa que debemos cuidar.
Según MapBiomas, Chile es un caso atípico en Sudamérica respecto a su tipología de suelos: posee el menor porcentaje de vegetación natural (19,9%) por la gran extensión de zonas sin cobertura vegetal asociadas al desierto, la cordillera y los hielos (28,5%). Pese a ello, su bosque nativo muestra una tendencia al alza que lo distingue positivamente en el continente porque no sucede con otros países de la región. Esto hace aún más relevante su cuidado.
Mientras tanto, el verde Perú tiene el 79% del país cubierto por vegetación natural, lo que nos da una tremenda oportunidad de planificar cualquier crecimiento productivo teniendo ya una mirada de cuidado en mente.
Colombia se acerca a los datos de Perú, dando cuenta del 70% de su territorio con vegetación natural.
Ecuador plantea un paisaje diferente, con un 58% de formación forestal, un 30% de uso agrícola y silvicultura y un 8% de formación natural no forestal.
El caso de Venezuela no es tan diferente, ya que sólo el 22% del territorio está ocupado por áreas antrópicas (o con intervención humana) y el resto permanece en estado natural, aunque con distintos niveles de intervención.
Estos datos son más que números. Son una invitación a profundizar nuestros esfuerzos para trabajar en la regeneración, la restauración y la promoción de la biodiversidad. Desde el agro tenemos grandes desafíos pero con la tecnología disponible y la co-construcción colectiva, también tenemos grandes oportunidades.



















