Redacción, Diario El Divisadero
Vivimos un mundo complejo, dificil, violento y deshumanizado. Nos estamos convirtiendo sin darnos cuenta, cada vez más, en aquellos extraños seres que nos mostraban las películas de ciencia ficción. Lejos quedaron esos días en que caminábamos por la calle, saludándonos, mirándonos a la cara y observando todo lo que ocurría a nuestro alrededor, sin gafas inteligentes y sin un aparato móvil en la mano.
Utilizamos cada vez más herramientas tecnológicas y aplicaciones de inteligencia artificial, pero utilizamos cada vez menos nuestro cerebro, creamos nuestros textos y planillas de Excel con inteligencia artificial. Nuestras presentaciones también. Hay música y libros hechos completamente con inteligencia artificial. Nuestros argumentos son artificiales
Esto está muy peligroso. Muchos estudiosos dicen que sí hay que eliminar la inteligencia artificial, o por lo menos, limitarla drásticamente, existe un alto riesgo existencial, figuras como Elon Musk han advertido que una IA superinteligente podría volverse incontrolable para los seres humanos.
El desplazamiento laboral es una de las dimensiones que está trayendo más consecuencias, la automatización amenaza con eliminar millones de empleos mucho más rápido de lo que el mercado puede crear nuevos, muchas tareas y funciones ya están comenzando de manera progresiva a ser reemplazadas por inteligencia artificial.
La desinformación y la falsedad dominan nuestra vida real y las redes sociales de las diferentes plataformas, la facilidad para crear "deepfakes" y noticias falsas erosiona la confianza en la verdad, ya nada es creíble, parece real, pero no lo es. Los "deepfakes" son archivos de video, imagen o audio manipulados mediante inteligencia artificial para que parezcan reales, logrando que una persona diga o haga algo que nunca sucedió. Su nombre proviene de la combinación de "deep learning" (aprendizaje profundo) y "fake" (falso).
Existe también mucho sesgo en esta información no humana, muchas IAs replican prejuicios humanos o definitivamente datos falsos, de hecho, entre IAs se descalifican, entre unas y otras. Pregunte a cualquiera de ellas que opina de la otra, pregunte a Gemini, por ejemplo, que opina de Copilot, y se llevara una gran sorpresa y viceversa.
Una de las dimensiones más preocupante es el uso de nuestros datos personales y privados, algo que está ocurriendo en este mismo momento, las aplicaciones de inteligencia artificial invaden la privacidad de datos a gran escala, saben todo de ti, lo que haces, donde vas, lo que compras e incluso, poco a poco, podrán predecir lo que estás pensando.
No se puede dejar de mencionar aquellos aspectos positivos, como los avances médicos, la IA está ayudando a encontrar curas para enfermedades y a analizar diagnósticos con una precisión sobrehumana, también en el contexto de la crisis climática, se usa para optimizar el consumo de energía y modelar soluciones ambientales complejas.
En relación a la productividad, teóricamente se supone que elimina tareas repetitivas y aburridas, permitiendo que las personas se enfoquen en la creatividad y la estrategia, pero al parecer, los seres humanos se hacen casi absolutamente dependientes de esta tecnología y se reducen a su mínima expresión, estando muy lejos de esa supuesta creatividad.
También la inteligencia artificial ayuda a detectar fraudes financieros y ciberataques en tiempo real, cuestión no menor. Al parecer, en lugar de eliminarla, la mayoría de los expertos hoy apuestan por la regulación ética, es decir crear reglas claras para que la tecnología avance sin pisotear los derechos humanos.
Pero al parecer, ya es demasiado tarde.



















