Editorial, Redacción Varias empresas con sede en la capital del país han anunciado su llegada a Coyhaique. Grandes marcas y cadenas nacionales han puesto sus ojos en la capital de Aysén, anticipando un escenario que puede modificar de manera importante la oferta comercial de la ciudad.
Frente a esta realidad, hay una pregunta que sigue sin respuesta: ¿qué piensa la Cámara de Comercio de Coyhaique?
Hasta ahora no hemos conocido una posición pública del gremio respecto de lo que significa para el comercio local la llegada de empresas con volúmenes de compra y venta, capacidades de inversión y estructuras de contratación muy diferentes a las de los empresarios regionales. Y no se trata de estar a favor o en contra de que lleguen nuevas alternativas para los consumidores. Se trata de mirar el fenómeno en perspectiva.
Porque la llegada de grandes marcas puede generar empleos, ampliar la oferta y entregar nuevos servicios. Pero también puede producir impactos sobre pequeños y medianos comercios que difícilmente tienen las mismas condiciones para competir. Si algunos negocios locales terminan cerrando porque no pueden enfrentar esa competencia, difícilmente podríamos hablar de desarrollo sin preguntarnos a quiénes beneficia y cuáles son sus costos para la economía regional.
Aquí aparece una discusión que Aysén debiera tener con mayor profundidad: ¿qué entendemos por desarrollo?
No necesariamente más marcas, más tiendas o más cadenas significan mayor desarrollo. El desarrollo también tiene que ver con la capacidad de una región para generar y mantener empresas locales, empleos de calidad, proveedores, emprendimientos y actividad económica que permanezca en el territorio.
Por eso resulta especialmente llamativo el silencio de la Cámara de Comercio de Coyhaique. Los gremios tienen precisamente la responsabilidad de representar una mirada sectorial, pero también de anticiparse a los cambios que pueden afectar a sus asociados y entregar información a la comunidad.
También corresponde preguntar por el rol de las autoridades locales. Promover la llegada de nuevas empresas puede ser parte de una estrategia de desarrollo, pero esa tarea debiera considerar igualmente qué ocurre con quienes llevan años sosteniendo el comercio de Coyhaique. No parece suficiente celebrar cada nuevo anuncio de inversión si no existe una mirada respecto de sus efectos sobre el ecosistema comercial local.
La globalización y la llegada de grandes cadenas son fenómenos difíciles de detener. La pregunta es cómo los enfrenta una región como Aysén y qué condiciones establece para que las oportunidades no terminen transformándose en mayores brechas.
Por eso sería importante escuchar a la Cámara de Comercio. No para cerrar las puertas a quienes quieran invertir en Coyhaique, sino para abrir una conversación que hoy parece pendiente.
Porque antes de celebrar que llegan grandes marcas, también deberíamos preguntarnos qué tipo de ciudad y de economía local queremos construir.






















