Defensoría Penal Pública, -
En una palmaria demostración de que para resolver, o al menos frenar, el fenómeno de la delincuencia las modificaciones legales no son, en caso alguno, una herramienta que por sí resulte suficiente, debemos destacar que a más de diez años de dictada la ley que vino a sancionar con cárcel efectiva de a lo menos un año a los conductores que, en estado de ebriedad o bajo la influencia de las drogas, protagonicen un accidente de tránsito que produzca lesiones gravísimas o la muerte de una persona, la comisión de este tipo de delitos no ha disminuido ni en Chile ni en nuestra región.
La ley de tránsito contempla ciertos delitos, de los cuales los más comunes son la conducción bajo los efectos del alcohol o las drogas, la conducción a temeraria velocidad y el manejo sin licencia profesional en aquellos casos que la ley así lo exige.
En la Defensoría Regional de Aysén, el casi 17% de las causas que hemos atendido este año dicen relación con delitos de manejo en estado de ebriedad o bajo la influencia del alcohol. A nivel nacional la incidencia de estos delitos en el total de causas que conoce la Defensoría llega sólo a un 10%.
El castigo que la ley prevé al manejo de vehículo bajo los efectos del alcohol y/o drogas es particularmente severa, estableciendo que aquellos conductores que ocasionen accidentes en estado de ebriedad causando lesiones gravísimas han de recibir una pena de 3 años y 1 día a 5 años de cárcel. Si el resultado del accidente es la muerte de alguna persona tal sanción puede llegar a los 10 años de presidido.
Recordemos que, según la ley de tránsito, en todo accidente vial en que se produzcan lesiones o alguna muerte, el conductor que participe en los hechos está obligado a detener su marcha, prestar la ayuda que fuese posible y dar cuenta del accidente a la autoridad policial más inmediata, entendiéndose por tal cualquier funcionario de Carabineros que estuviere próximo al lugar del hecho.
Cuando estamos iniciando las celebraciones más queridas para nuestro país, momento en que probablemente muchos aprovecharán para disfrutar en reuniones familiares y otros festejos, resulta importante recordar que siempre debemos ser responsables de nuestros actos y medir sus consecuencias. Es fácil creer que a uno no le puede ocurrir nada malo, que somos personas de bien y estamos muy lejos del mundo de la delincuencia y de la cárcel, sin embargo, ello no es así.
Más allá de las amenazas penales, es la conciencia de cada uno de nosotros la que ha de determinar que durante las festividades que se inician tengamos las celebraciones que todos esperamos, sin que se vean empañadas éstas por tragedias del todo evitables y en que la fatal combinación de conducción y consumo de alcohol o drogas aparece como la principal protagonista.






















