Manuel Álvarez Lucero, Antropólogo
Vivimos constantemente preocupados del futuro, de lo que va a venir después, de lo que va a pasar mañana, pasado y la próxima semana, el próximo mes, a fin de año, el próximo año y así sucesivamente. Pero cuidado, esto genera una serie de consecuencias en nuestra mente y en nuestro organismo y por supuesto, en nuestras relaciones con los demás, nuestra vida se sustenta en lo que vamos a hacer en el futuro y dejamos de vivir el presente y nuestros días pasan muy rápido, sin darnos cuenta, ya que en realidad no vivimos, sino que estamos pensando en lo que vamos a vivir después.
Así surge la ansiedad, esa emoción necesaria que se genera como reacción defensiva ante una amenaza, cuya función primordial es imaginarnos el peor escenario posible para poder -en el hipotético caso que suceda- preverlo, evitarlo, huir o enmendarlo es como todas las emociones, en un principio útil. Pero la ansiedad pierde su razón de ser cuando resuelta esa la situación que nos preocupa, ella no se disipa, sigue ahí.
Y se mantiene, ya que está estrechamente relacionada con nuestra intolerancia a la incertidumbre y con nuestra necesidad de seguridad. Con la incapacidad de aceptar la falta de control sobre lo que nos sucede y con la especulación acelerada y tremendista de lo que puede pasar. Podríamos entonces categorizar la ansiedad como "exceso de futuro". Somos una sociedad enferma de exceso de futuro.
No nos ayuda mucho que vivimos en el mundo en un escenario apocalíptico de angustia, miedo e incertidumbre. El día de hoy estamos pensando en el día de mañana, en lo que haremos el viernes, el fin de semana, en lo que tengo que pagar a fin de mes y el próximo mes, en que haremos a fin de año, y el próximo verano, que haré cuando termine de estudiar y donde viviré, no disfruto el instante, el momento presente, me desgasto en lo que va a venir después y eso es lo más absolutamente erróneo, antinatural.
Esa terrible ansiedad está estrechamente relacionada con la falta de control, no podemos controlar lo que está por suceder. Muchas veces, a partir de esto, la ansiedad se califica o se categoriza como 'exceso de futuro'". Muchas veces se piensa, "sentir que sucede o sucederá algo malo en el futuro cercano".
El exceso de futuro es una de las grandes epidemias de nuestro tiempo. Cuesta encontrar a gente que, por lo menos, no presente un rastro o algún indicio de cierta ansiedad, porque vivimos en un mundo muy urgente, muy rápido, donde todo tiene que suceder ya, ahora y rápidamente, instantáneamente y nos empeñamos en tratar de controlar las cosas que no podemos controlar. Hoy todo está en un calendario, en una agenda digital. Todo está planificado y no dejamos nada al azar de la vida, del destino.
Terminamos de hacer algo que nos costó mucho y no sentimos el placer de vivirlo, porque ya fue y nos concentramos ahora en lo que viene. Que forma más triste de vivir, el tiempo, la inmediatez y el dinero nos tienen atrapados en una vida sin sentido. No miramos ni escuchamos a las personas que están a nuestro lado porque estamos pensando en el futuro. Perdemos equivocadamente nuestra vida en eso.
Debemos intentar vivir un poco más en el presente, en el aquí y ahora. Pensando en lo que nos está pasando ahora y no necesariamente en lo que vaya a ocurrir. Lo que tenga que ser, será. Disfrutemos y vivamos intensamente nuestro presente, lo que pase después no importa para nada, de alguna forma le haremos frente, es así de simple.


















