Columnista, Colaborador
El aborto en Chile tiene una historia ligada a la autonomía del cuerpo de las mujeres. En 1931, el código sanitario incorporó el aborto terapéutico, en 1989 la dictadura prohibió absolutamente el aborto y recién en 2017, gracias a la movilización feminista, se promulgó la Ley IVE, que permite realizar un aborto en tres causales: embarazo producto de una violación, inviabilidad del feto o el riesgo vital de la mujer.
Las tres causales se ven amenazadas por el proyecto "Escucha su corazón" impulsado por parlamentarios de ultra derecha, quienes pretenden que los equipos de salud deban hacer que las mujeres escuchen la actividad cardiaca del embrión o el feto que abortarán. El argumento para ello ha sido el "consentimiento informado", el cual no resiste análisis en términos jurídicos, ya que desconoce estándares internacionales como el comité CEDAW y la CIDH que han sostenido que los Estados deben garantizar el acceso a la salud sexual y reproductiva libre de coerción e insisten en no revictimizar a quienes ejercen sus derechos sexuales. En Chile, tanto ABOFEM como Corporación Humanas han señalado que el proyecto transforma un procedimiento sanitario en un mecanismo de control de los cuerpos por medio de una presión emocional a mujeres que están accediendo a un aborto legal. Desde una perspectiva científica, el consentimiento informado se debe sustentar en información objetiva y evidencia, en este sentido, dicho consentimiento no tiene ningún asidero, pues no va a modificar el diagnóstico por lo que no tiene una utilidad médica. En la misma línea, la OMS plantea que se deben eliminar requisitos medicamente injustificados que obstaculicen el acceso a un aborto seguro.
Obligar a mujeres que se encuentran en una situación límite, decidiendo abortar porque fueron violadas, porque su vida está en riesgo o porque el feto es incompatible con la vida, a escuchar los latidos de un embrión o feto que han decidido no tener es violencia institucional, no solo porque constituya revictimización, sino porque es utilizar el dolor como instrumento político para manipularla ¿se imagen una niña que quedó embarazada producto de una violación escuchando esos latidos? ¿o una mujer que hace unos días se ha enterado que su embarazo puede provocarle la muerte? ¿o una familia que se acaba de enterar que el hijo o hija que esperan no podrá sobrevivir?
"Escucha sus latidos" es solo una pantalla para poder persuadir la decisión de las mujeres a realizarse un aborto. Cada derecho conquistado por las mujeres en Chile ha obedecido a resistencia feminista, las tres causales son un piso mínimo de justicia, defenderla frente a iniciativas es una obligación ética y política, pero también lo es mantener en el horizonte de nuestra justicia social la demanda por un aborto libre y seguro, donde toda mujer tenga derecho a decidir por si misma. Una sociedad que respeta los derechos humanos no utiliza la culpa para controlar el cuerpo de las personas, ni utiliza la manipulación para legislar, sino que protege la dignidad de cada mujer a ejercer sus derechos sin retroceso alguno.






















