Editorial, Redacción El cargo de Delegado Presidencial Regional (DPR) en Aysén no es solo un puesto administrativo; es el termómetro de la relación entre La Moneda y la Patagonia. Recientemente, hemos visto cómo esta figura ha pasado de ser un espacio para la renovación a un refugio de la "vieja guardia" política. La renuncia de Rodrigo Araya en noviembre de 2024 para perseguir un escaño parlamentario marcó el inicio de una transición que dejó lecciones importantes sobre la sensibilidad local.
El nombramiento de Jorge Díaz Guzmán como sucesor de Araya fue, para muchos, un giro inesperado. Díaz, un comunicador social con vasta trayectoria en el sector público y privado, representa a esa "vieja guardia" de la Concertación que el gobierno del presidente Boric inicialmente intentó distanciar de los puestos de confianza. Su llegada no solo sorprendió por su perfil político, sino que reabrió antiguas heridas sobre el centralismo intrarregional. Al ser originario de Coyhaique, su designación previa como delegado provincial de Aysén fue rechazada por dirigentes que exigían una representación genuina del territorio. Este hecho subraya una demanda constante en nuestra zona: el conocimiento del aparato público debe ir de la mano con el arraigo.
Hoy, en enero de 2026, la incertidumbre vuelve a instalarse mientras los nombres para el próximo ciclo ya circulan en las oficinas de Santiago. La derecha regional observa con inquietud el proceso, especialmente tras la salida del Partido Libertario de las negociaciones nacionales, lo que dejó fuera de carrera a figuras bien evaluadas localmente como Felipe Henríquez. Este vacío ha permitido que el partido Demócratas, de la mano de Eduardo Cruces y con el respaldo del senador Calisto, intente ganar terreno, a pesar de las dudas sobre si su salud es compatible con un cargo de alta exigencia.
En la carpeta de decisiones figuran perfiles diversos: desde la experiencia legislativa de Marcia Raphael (RN) hasta la gestión técnica de Omar Muñoz (UDI) o el perfil del doctor Jaime Ceballos (PR). Sin embargo, la verdadera pregunta es si el criterio de selección priorizará la lealtad partidaria o la capacidad de gobernabilidad en una región estratégica. Republicanos presionan con Luz Valeria Villegas, destacando sus nexos directos con el Ejecutivo central, mientras que nombres como Pilar Cuevas y Luz María Vicuña aportan el peso de la trayectoria en el aparato público regional.
Para nuestra región, la definición del DPR marcará el rumbo de la gestión gubernamental y la coordinación estratégica con municipios y servicios públicos en los próximos años. No basta con enviar un nombre desde la capital; se requiere un liderazgo que comprenda que en la Patagonia el territorio manda. La política local no puede seguir siendo un tablero de ajedrez donde las piezas se mueven a miles de kilómetros de distancia.




















