Columnista, Colaborador Una opinión no debiera tener asiento en un acervo negativo ya que es una lógica biológica del ser, y considerando el constante desarrollo de algoritmos informáticos que emiten juicios, debemos cuidar al humano y sus ponencias, sea cual sea su forma o ideología, aunque sí debemos observar la forma en como nos educamos.
Durante la última campaña a Presidente, observé un fenómeno que aún me mantiene errando y reflexionando.
Situémonos en Puerto Aysén, sector Villa Cerro Cordón, en su patio veo a un sujeto de unos 50 a 55 años, le pido permiso para iniciar el clásico pergamino de campaña, una vez finalizado el prólogo me entrega un cigarro para iniciar su parlamento, dice: "lo que necesitamos es un Presidente que sea millonario y chorre plata hacía abajo, porque ellos saben cómo hacer plata", le comenté: "el Estado no funciona así", me responde "debería ser así", continúo fumando mi cigarro hasta que escucho: "mire amigo, esta población la hizo una constructora, es gente de plata la que nos da casas no el Boric", en silencio pensé en cómo nos hicimos tan profundamente idiotas en tan poco tiempo,
¿es digno desconocer tanto?, Intenté responder no para que gane mi opción, sino por mera dignidad de ambos, aun así, el daño ya estaba hecho.
Cuando me iba, pensé que fue mi culpa iniciar una charla en lugar de simplemente tomar una bandera, entregar sonriente el volante sin decir una sola letra, sacarme 70 selfies, subirlas y así ser un ejemplo en redes sociales sobre como hacen campaña los expertos en política. Mientras, veo en el panfleto la foto de una persona usando el 90% del espacio junto al clásico "vota" más el número, y en el reverso, unos cuantos párrafos para evitar ser un cartel publicitario, comunicar sin comunicar es la moda.
El que ignoremos la función e importancia de la elección de un Presidente de la República es muy grave para una democracia, por ende es mínimo que nuestras autoridades observen con mayor suspicacia la calidad y la sustancia del contenido con el que se educa en lugar de buscar reemplazar ello por lo artificial, ya que no podemos seguir generando adultos con analfabetismo social y cívico mientras no exista una educación que valore al humano y su intelecto, más aun viendo que el humanismo y las ciencias son vapuleadas y estigmatizadas bajo el fin de ser reemplazadas por el azar de las redes sociales, IA y televisión generando una banal monotematización de las ideas junto a infames proyectos de ley que socavan la libertad de expresión, privacidad y manifestación, buscando la absoluta muerte del pensamiento crítico.
La poca racionalización de lo que se aprende y enseña sobre sociedad en la educación, trae como consecuencia el absoluto alejamiento entre el Estado y los derechos y deberes hacía las personas, dejando la dignidad de los ciudadanos al arbitrio de aquellos delincuentes estatales que no dudan en beneficiarse de la liviandad intelectual actual.





















