Editorial, Redacción La entrega de los resultados de la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) representa un hito decisivo para miles de jóvenes, marcando el inicio de una etapa de definiciones profundas sobre su identidad y propósito. En este momento, es fundamental que la comunidad educativa y las familias fomenten una mirada que trascienda la mera cifra obtenida, pues los expertos sugieren que es necesario resignificar la experiencia como una oportunidad de crecimiento, permitiendo que quienes no alcanzaron sus metas iniciales puedan manejar la frustración y clarificar sus objetivos personales antes de postular.
Para tomar una decisión acertada, los jóvenes deben realizar un ejercicio de autoconocimiento, evaluando no solo qué quieren estudiar, sino en qué áreas poseen mayores habilidades y si estas convergen con su vocación, ya que estudiar algo que se ama es la principal salvaguarda contra la deserción académica y una fuente de motivación para enfrentar la dureza del mundo real. Asimismo, se recomienda analizar la conexión de la carrera elegida con el mercado laboral actual, buscando un equilibrio entre la pasión personal y la viabilidad profesional para evitar el fenómeno de la cesantía ilustrada.
La educación superior no debe verse únicamente como una vía para obtener mayores ingresos o estabilidad financiera, sino como una forma de progresar de manera personal y humana. Según los principios de la UNESCO y diversas fuentes académicas, la universidad es el espacio donde los estudiantes deben desarrollar plenamente sus capacidades bajo un sentido de responsabilidad social, cultivando el pensamiento crítico, la ética y la capacidad de empatizar con visiones de mundo diversas. En este sentido, la educación superior actúa como un "funcionamiento fértil" que potencia la autonomía y permite a los individuos vivir la vida que tienen razones para valorar.
Finalmente, es imperativo que los futuros profesionales comprendan su rol como agentes de cambio capaces de convertirse en personas útiles para su comunidad. Los egresados universitarios están llamados a asumir el liderazgo social para enfrentar desafíos complejos como la seguridad alimentaria, el cambio climático y la salud pública, devolviendo a la sociedad los beneficios del conocimiento adquirido. Al elegir una carrera, el joven no solo diseña su destino individual, sino que se compromete con la construcción de una sociedad más justa, democrática y comprometida con el bien común.
Elegir una carrera es como sembrar en un terreno propio: no se busca solo el fruto que se podrá vender mañana, sino cultivar un ecosistema que fortalezca al sembrador y, al mismo tiempo, brinde sombra y sustento a toda su aldea.



















