Patricio Segura Ortiz, Periodista. psegura@gmail.com
El anuncio de la pavimentación total del tramo entre Villa Cerro Castillo y Cochrane, junto a la ampliación del aeropuerto Balmaceda, son concretos ejemplos de los desafíos que enfrentará Aysén en los próximos años. Dos iniciativas, que entran de lleno en el plano de megaproyectos, que definitivamente cambiarán el rostro a este trozo de Patagonia.
No es que no hayan existido en la región otros procesos con alto impacto social, ambiental y económico, para bien y para mal. La propia construcción del Camino Longitudinal Austral, los nuevos hospitales, la llegada de la fibra óptica, el avance de la industria salmonera, han ido moldeando lo que somos hoy como territorio. Y qué decir de la pandemia, que viabilizó el teletrabajo y el interés en vivir en espacios naturales, profundizando la subdivisión rural. Con sus oportunidades, pero también con sus presiones ambientales y sociales.
La mayoría de estos proyectos y procesos fueron graduales, con algunas pocas excepciones. No es el caso de la pavimentación y la ampliación del aeropuerto Balmaceda, que se plantean materializar en unos pocos años. Tal es una diferencia sustancial.
Es por ello que hoy, como en muchos otros momentos de la historia de una comunidad, se requiere la confluencia de voluntades para avanzar en aquello que muchas veces es visto con desconfianza: la planificación. No sólo ponerse de pie a aplaudir y pensar en los buenos negocios, sino prepararnos para todo lo que se viene. Similar a lo que se pide con respecto a la crisis climática, que ya está aquí.
Organizar la casa, de la mejor forma posible, ante la avalancha que se avecina. Ordenamiento territorial a pequeña y gran escala, entendiendo que es uno de los mejores mecanismos para enfrentar los desafíos que se vienen. Ordenamiento que es mucho más que pintar un mapa de colores, así como pavimentar involucra mucho más que pasar una brocha negra por donde antes estaba el ripio.
En el Camino Longitudinal Austral, estamos hablando de 250 kilómetros de ruta. Hacer aquello en cuatro años demandará una coordinación logística de proporciones, entre otras decisiones.
Y en el de Balmaceda, la infraestructura pasará de 2.400 a 12.391m² construidos, con una capacidad de movilizar a 1,2 millones de pasajeros al año. Considerando que Aysén tiene poco más de 100 mil habitantes, la cifra no es menor.
En todo esto, la visión de los habitantes de Aysén -sean vecinos, agricultores, empresarios, funcionarios- es fundamental en su doble rol: como usuarios de los beneficios de estas iniciativas así como depositarios de los efectos positivos y adversos que éstas conllevarán.



















