Editorial, Redacción Las intensas heladas que durante las últimas semanas han marcado el invierno en la Región de Aysén han puesto nuevamente a prueba la capacidad de adaptación de sus habitantes. Las bajas temperaturas impactan la vida cotidiana de múltiples maneras: dificultan la conectividad, aumentan el consumo de calefacción y obligan a extremar los cuidados en los hogares. Sin embargo, junto con estos efectos propios de la temporada, emerge un riesgo que cada año vuelve a cobrar especial relevancia: los incendios estructurales.
Los recientes siniestros registrados en distintos puntos de la región, algunos con consecuencias fatales, recuerdan que el invierno también exige reforzar las medidas de prevención. Más allá del dolor que provocan estas tragedias, corresponde extraer una enseñanza que permita disminuir la posibilidad de que hechos similares vuelvan a repetirse.
Aysén mantiene una fuerte dependencia de la leña como principal fuente de calefacción. Es una realidad asociada a las condiciones climáticas, pero también a la forma en que históricamente las familias han enfrentado los inviernos. Precisamente por ello, el mantenimiento de estufas, cocinas, calefactores y ductos de evacuación de humo debe convertirse en una prioridad antes y durante toda la temporada invernal.
No se trata de generar alarma ni de utilizar lamentables hechos para sembrar temor. Se trata de insistir en una cultura preventiva que permita reducir riesgos y proteger vidas. En este esfuerzo, las instituciones con competencias en la materia cumplen un rol fundamental, fortaleciendo las campañas informativas, promoviendo la revisión de los sistemas de calefacción y recordando permanentemente las medidas básicas de autocuidado.
La próxima semana, además, miles de estudiantes volverán a clases tras las vacaciones de invierno. Ese retorno representa también una oportunidad para verificar que los sistemas de calefacción de los establecimientos educacionales se encuentren en condiciones seguras. El reciente incendio registrado en la escuela de Puerto Río Tranquilo, originado en un ducto de humo, demuestra que estos riesgos pueden presentarse en cualquier espacio donde existan artefactos a leña.
La prevención siempre será menos costosa que enfrentar las consecuencias de una emergencia. Revisar periódicamente los ductos, limpiar los caños, mantener en buen estado los calefactores y actuar oportunamente son medidas simples que pueden evitar pérdidas materiales y, lo más importante, salvar vidas.
Los inviernos seguirán siendo parte de la identidad de Aysén. Lo que sí puede cambiar es nuestra capacidad para enfrentarlos con mayor seguridad. Fortalecer la prevención, promover el autocuidado y mantener una comunicación permanente sobre estos riesgos constituye una tarea compartida entre las autoridades y la comunidad. Porque cuando se trata de proteger a las familias, prevenir nunca será una exageración, sino una responsabilidad de todos.






















