Editorial, Redacción Hay negocios que no pueden darse el lujo de esperar. Una reserva cancelada, un pasajero que cambia de destino o una excursión que no se concreta pueden parecer hechos aislados, pero para quienes viven del turismo significan ingresos que no volverán. Eso es lo que están advirtiendo operadores y emprendedores de Chile Chico ante la salida de servicio de la barcaza La Tehuelche, justo cuando la temporada empieza a tomar fuerza.
La molestia no apunta a que la embarcación necesite mantención. Nadie discute que una nave debe operar en condiciones seguras. El cuestionamiento es otro: por qué realizar estos trabajos en un momento tan delicado para la actividad turística y qué evaluación se hizo de las consecuencias para quienes dependen de la conexión entre Puerto Ibáñez y Chile Chico.
La Tehuelche es parte de la vida cotidiana de la cuenca del lago General Carrera. No solo transporta pasajeros; también conecta servicios, emprendimientos y destinos que forman parte de una misma oferta turística. Mientras permanece fuera de operaciones, una embarcación de menor capacidad ha debido cubrir el trayecto. La diferencia no es un detalle cuando la demanda aumenta y los tiempos de traslado importan.
Los empresarios ya hablan de reservas suspendidas y de perjuicios que alcanzan a distintos puntos de la cuenca. Para un negocio pequeño, perder visitantes en plena temporada puede afectar semanas de trabajo. Y el impacto no termina en quien ofrece alojamiento, una excursión o un servicio de alimentación: también llega a sus trabajadores y a otros proveedores locales.
Desde el Gobierno se ha señalado que la mantención responde a una obligación. Es cierto, pero cumplir con una obligación no exime de planificarla bien. En una región donde la conectividad depende de pocos servicios y las alternativas son limitadas, coordinar los tiempos no es un asunto secundario. Es parte de la responsabilidad pública.
Según lo informado, el retorno de La Tehuelche está previsto para la primera semana de noviembre. Hasta entonces, queda por saber qué medidas se pueden adoptar para reducir las pérdidas y cómo se evaluó el efecto de esta decisión sobre una actividad que lleva meses preparándose para recibir visitantes.
Chile Chico y la cuenca del lago General Carrera no pueden recuperar las reservas que ya se perdieron con una explicación posterior. Lo que corresponde ahora es escuchar a quienes están enfrentando el problema, transparentar cómo se tomó la decisión y aprender de lo ocurrido. La mantención de una barcaza puede ser inevitable; que sus costos recaigan sin más sobre los emprendedores locales, no debería serlo.






















