Editorial, Redacción La Patagonia es reconocida mundialmente como una "tierra salvaje", un vasto territorio cuya belleza escénica atrae a miles de visitantes cada año. Sin embargo, esta condición de refugio natural conlleva una fragilidad extrema que exige un compromiso real tanto de las autoridades como de quienes recorren sus rutas. La conservación de la fauna nativa, con especies emblemáticas como el huemul y el cóndor andino, no es solo una tarea científica, sino un pilar fundamental para un turismo sostenible que respete el equilibrio del ecosistema.
Uno de los mayores desafíos actuales es la convivencia entre el flujo turístico y la fauna silvestre en las carreteras. La campaña "Quien se apura en la Patagonia, mata la fauna" surge como una respuesta urgente ante la muerte de 13 huemules por atropellos en el Parque Nacional Cerro Castillo desde 2004. Es vital que el turista comprenda que la Ley establece un límite de 60 km/h dentro de las áreas protegidas. Reducir la velocidad no es solo una norma de tránsito, es un acto de respeto hacia una especie en peligro de extinción de la cual solo quedan unos 1.500 individuos en estado silvestre.
La protección del huemul ha alcanzado hitos históricos con la apertura del primer Centro de Rescate y Rehabilitación en el sector de Las Horquetas. Este "hospital de huemules" busca mitigar amenazas como los ataques de perros, enfermedades transmitidas por el ganado y las consecuencias de los atropellos. Este esfuerzo se complementa con el uso de tecnología de vanguardia, como las cámaras trampa y la inteligencia artificial, que permiten a los guardaparques monitorear tanto a las especies nativas como a las amenazas emergentes, entre las que destacan jabalíes y perros de libre deambular.
Por otro lado, el regreso del cóndor andino a los cielos patagónicos a través del Proyecto Manku demuestra que el trabajo colaborativo público-privado rinde frutos. La liberación de ejemplares con transmisores satelitales en el Parque Nacional Patagonia permite recopilar datos críticos para su supervivencia. Como carroñeros, estos animales cumplen un rol clave en la limpieza de la naturaleza, recordándonos nuestra responsabilidad con los ciclos ecológicos.
El éxito en la conservación del panda gigante en China, que logró salir de la lista de especies en peligro gracias a políticas públicas coordinadas y restauración de hábitats, sirve como una referencia internacional esperanzadora. Sin embargo, como advierten los expertos, estos avances son frágiles y requieren un esfuerzo sostenido. Para nuestra Patagonia, el mensaje es claro: la valoración del patrimonio natural comienza con el conocimiento y el respeto. Un turismo que no cuida su entorno está destinado a destruir el mismo atractivo que lo sustenta. La conservación efectiva depende de que cada conductor, cada senderista y cada habitante se convierta en un agente de cambio.




















