Orlando Baesler Heger, Arquitecto Mucho se argumentó hace un tiempo atrás que la idea de incorporar a cualquier persona, sin importar su experiencia, representatividad o nivel intelectual a una tarea tan delicada como la redacción de una nueva carta constitucional no iba a pasar más allá de constituir una gran pérdida de tiempo y un grotesco derroche de los recursos del país, justo en una época en que producto de la pandemia y de la prácticamente nula capacidad de gestión del actual gobierno nos encontramos con niveles históricos de inflación ,pobreza y desempleo.
No se puede desconocer que una sana pero ingenua esperanza de mejoramiento empujó a la ciudadanía a escuchar nuevamente los eternos cantos de sirena de la izquierda en el sentido que la solución de todos sus problemas estaba en el hecho de cambiar la actual Constitución por una Nueva, redactada por "el pueblo" y tras cuya promulgación por fin "brotarían a raudales los manantiales de la riqueza" por señalar una de las frases que en forma tan inteligente escribió hace un siglo el gurú progresista Carlos Marx, tan venerado por los sectores populistas.
Finalmente, la realidad aclaró las cosas y la ciudadanía acudió masivamente a las urnas, no por temor a las multas o por un entusiasmo repentino con este proceso político, sino porque logró comprender cuales eran los alcances del nuevo texto presentado, en forma tan burda y desprolija, que no dejaba dudas acerca de los intereses refundacionales y antisistémicos escondidos muy torpemente tras postulados ambiguos, poco claros y muy mal redactados.
La ciudadanía comprendió que una constitución que durante casi medio siglo ha regido los destinos del país, disminuyendo ostensiblemente los niveles de pobreza, incorporando al país a la más moderna tecnología y contando con una gran confianza en el mundo entero, debido a la seriedad de sus procedimientos administrativos, no podía ser el origen de los problemas que todos los países enfrentan, fundamentalmente por causa de una sobrepoblación que cada día exige mayores compromisos de crecimiento a los gobiernos de turno.
Sin embargo, también estamos conscientes que nuestro actual texto constitucional, tras más de cincuenta años de aplicación, debido a los normales cambios inherentes al desarrollo social y tecnológico, debe inevitablemente sufrir cambios y modificaciones acorde a los tiempos por lo cual es el momento de sentarse a revisar en qué lugares del actual texto debieran introducirse los cambios y modificaciones que pudieran absorber las demandas sociales que la propia modernidad introduce en nuestra vida diaria.
Si queremos introducirle cambios a nuestra forma de vida debemos consensuar en que nuestra forma de vida no es "una hoja en blanco".






















