Editorial, Redacción Cuando todos esperábamos cifras más alentadoras, los recientes indicadores del PIB regional vuelven a dejar en evidencia que la economía de Aysén no pasa por un buen momento. La preocupación expresada por el gobernador regional Marcelo Santana, los parlamentarios y distintos sectores de la comunidad no responde a una percepción subjetiva: hay señales concretas de una economía lenta, con dificultades para generar empleo y con menor circulación de recursos.
Quizás solo el Gobierno ha mostrado una preocupación menos visible frente a esta realidad, insistiendo en que los indicadores deberían mejorar en el mediano y largo plazo. Es posible que así ocurra. Pero mientras ese momento llega, las familias y las empresas deben enfrentar el presente, y hoy ese presente está marcado por la incertidumbre.
Las cifras conocidas no las inventó la prensa ni corresponden a una interpretación de la oposición. Son indicadores oficiales elaborados por los organismos responsables de medir periódicamente el comportamiento de la economía. Aysén no está atravesando un buen momento y reconocerlo no debiera ser motivo de disputa política, sino el primer paso para comenzar a enfrentarlo.
Durante los dos primeros trimestres del año no hemos visto una economía robusta. Y si queremos que los dos trimestres restantes sean distintos, no basta con esperar que los números mejoren por sí solos. Se necesitan acciones concretas, objetivos de corto plazo y medidas capaces de generar movimiento en una economía regional que hoy requiere señales.
En este escenario, la temporada alta de turismo aparece como una de las oportunidades más inmediatas para dinamizar la actividad. Pero tampoco podemos depositar todas las expectativas en el verano. El turismo puede aportar empleo, consumo y movimiento comercial, pero la recuperación económica de Aysén requiere una mirada más amplia y permanente.
Todos queremos que a la región le vaya bien. Todos queremos que la economía crezca y que existan más oportunidades laborales. Precisamente por eso es necesario que el discurso se haga cargo de la realidad y que las autoridades reconozcan cuando los resultados no son los esperados.
No basta con declarar preocupación. La comunidad necesita conocer qué se hará, cuáles son las prioridades y qué resultados se esperan alcanzar en el corto plazo.
Quizás un primer paso sea precisamente ese: sincerar el escenario. Reconocer que Aysén enfrenta un período complejo, pero también señalar con claridad qué se hará para que, desde el último trimestre de 2026 y durante 2027, comiencen a aparecer señales concretas de recuperación.
Porque esperar que la economía mejore es una esperanza. Trabajar para que mejore es una decisión.






















